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Fuera de la plataforma

Luego de la polémica generada por la serie “Rompan Todo” emitida por Netflix y que narra la historia del rock latino, en Sin Sobresaltos decidimos indagar un poco más en esos nombres propios fundamentales que quedaron fuera de esa nueva “historia oficial” que no deja de generar adeptos y detractores. En esta serie de publicaciones los acercaremos a esas historias que nunca deben ser olvidadas. Así pueden sacar sus conclusiones.

Por Gabriel García (imágenes pirateadas arqueológicamente por Lihue Balanzino)

El Tigre Mareco: Rugir del sur

Un sitio tan vasto como la provincia de Buenos Aires esconde tantas historias que haría temblar al mainstream y a los intereses pseudo-empresariales del imperio o plataforma del momento. ¿Cuántos de ustedes escucharon habar de La Capilla?… sean sinceros ¿cuántos?

Este microscópico barrio de la localidad de Florencio Varela, cercano a Quilmes, siempre cedió el escenario perfecto para muchas historias de superación pero también de miseria y amargura. La historia del Tigre Mareco tiene todos esos ingredientes. Cosechando testimonios por las calles del sur pronto se pueden ir perfilando los lugares comunes: “desde el primer momento se percibía algo diferente en él” relata doña Mecha Yacobson, 80 años,  profesora de catequesis de la Parroquia del Eterno Retorno o Teresita, su hija, quien cada vez que pretende emitir testimonio para nuestra entrevista se quiebra luego de decir “Esa voz, esa guitarra..”

Para situarnos históricamente tenemos que retrotraernos a fines de la década del cincuenta cuando en Argentina estalló el movimiento del “guitarrazo” provocado por los artistas del movimiento denominado “Nuevo cancionero” que contaba entre sus filas a Mercedes Sosa o Armando Tejada Gomez. En cada casa había una guitarra.

Peteco Jones, tal su nombre artístico, fue el mejor amigo de la infancia de Mareco.

-Peteco Jones: Era jodido tener 13 o 14 años y ser oriundo de La Capilla en esa época. O estudiabas y te abrías un taller mecánico o un almacén de ramos generales o te ibas a laburar en alguna curtiembre del Docke. Pero el 148 pasaba cada tres horas. Hasta ese momento nada nos hacia pensar que el Tigre iba a tener ese talento y me eriza la piel cuando pienso en él eh!. La verdad es que en ese primer momento no se distinguía por nada, pero nada…estaba destinado a morir virgen jeje.

¿Pero qué fue lo que sucedió ese 3 de enero de 1959 en la Parroquia del Eterno Retorno?

Si uno indaga en las historias de los grandes artistas siempre aparecen los típicos disparadores de genialidad que funcionan como indicios de lo que vendrá: el Charly García profesor de piano clásico a los once años o el Lennon que desde temprana edad emulaba a Lewis Carroll.

Teresita, hija de Doña Mecha: Yo lo perseguía pero el me evitaba todo el tiempo. Los dos estábamos en el coro de la parroquia pero él se escondía entre los chicos. Es inexplicable lo que sucedió ese día; Juan Jorge, como se llamaba, estaba cantando “Esta es la luz de Cristo” con esa voz tan angelical y después….después…

Peteco Jones: Imagináte que estás sentado en un lugar con la acústica propia de una iglesia. Te estás durmiendo con un corito de pendejos que canta “Esta es la luz de Cristo” y de pronto escuchas un vozarrón del más allá que entona “Conoci una mujer. Vendí mi alma por su amor y mi mojo se elevó a Venus”. El cura se desmayó; dos monjas se declararon insanas. Perdieron el delirio místico…

Es necesario precisar que en la Argentina de 1959 nadie sabía quiénes eran Muddy Waters o Howlin´Wolf. Mucho menos lo que era el “Mojo”. La Capilla no estaba exenta a estas ignorancias.

Al día siguiente de semejante posesión blusera, Juan Jorge Mareco tomó la guitarra criolla Rómulo García que juntaba polvo en el galpón de herramientas de la casa y compuso los primeros quince blues de la historia del rock argentino entre los que destacan “Triángulo Blues” y “Blues de El Dorado”.

Gracias al sacrificio paterno se pudo equipar y comenzaron las presentaciones en algunos bodegones para camioneros de la avenida Calchaquí y, años después, en el bar “Los Hornos” de Parque Chacabuco.

No se sabe a ciencia cierta que sucedió después. Grabó varios demos para una importante multinacional que nunca fueron editados oficialmente. Es sabido que el mismísimo Pappo ha interpretado algunas de esas canciones junto a Carlos Bisso y su Conexión Número 5. También es sabido que el pequeño gran Claudio Gabis siempre reacciona con una de sus típicas sonrisas cuando le mencionan al gran Juan Jorge “Tigre” Mareco.

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