Especiales

80 años con John Lennon

Por Gabriel García

Primera parte

Strawberry Fields Forever

¿En qué nos basamos para afirmar que algo ya no es moderno?

Este año el Guernica de Pablo Piccasso cumplió 83 años y si bien fue pintado para denunciar las miserias de la sangrienta Guerra Civil Española, no existe argumento estético que defienda la idea de que esa maravilla es algo antiguo. Sin embargo existe un gran número de personas empeñada en expresar sus hipótesis respecto a la finitud o vigencia del arte ¿por qué?

Si bien existen varias corrientes historiográficas acerca de los orígenes del rock, desarrolladas según la edad y el nivel de resentimiento de quien las impulsa, es indudable que la aparición de la adolescencia tal y como la conocemos hoy resultó ser un factor fundamental. Pronto en Estados Unidos habían aparecido jóvenes que no sabían donde gastar la plata que ganaban, por lo que el buen Tío Sam no tuvo mejor idea que apurar la producción de electrodomésticos y agregar una banda de sonido.

Si Arturo Jauretche hubiera nacido unas décadas más tarde estallaría ante esa zoncera que reza que “el rock es cosa de viejos”. Si bien es cierto que en el S.XXI el oyente promedio del género supera las tres décadas y el primer exponente importante, Bill Halley, era ya un señor entrado en años que venía del jazz, al día de hoy seguimos disfrutando de diversas disciplinas artísticas que superan el siglo.

 La cultura se mueve en círculos. Mezclar al rock con rangos etáreos es el fracaso de la hipótesis.

Claro que para el samaritano status quo yanky de la época el creador de “Rock around the clock” no representaba una amenaza como pronto si lo serían Chuck Berry o Little Richard. Pero para contrarrestar a estos últimos pronto aparecerían los Pat Boones, Dean Martins  y Neil Sedakas para edulcorar un poco la escena.

¿Pero qué pasaba en Inglaterra?

“Las calles arrasadas por los bombardeos nazis fueron nuestros patios de juegos” cuenta Ozzy Osborne en las primera páginas de su más que recomendable autobiografía “I am Ozzy”.Pensemos que el ícono del metal nació en 1948, tres años después del final de la Segunda Guerra Mundial. Varios años antes, en la madrugada del 9 de octubre de 1940 la ciudad portuaria de Liverpool, fundamental para el comercio occidental, sufría la destrucción de las achtungs alemanas. No sería la primera vez, ni la última.

Se decía que la ciudad moriría el dia que cayera el Ave Liver, símbolo que custodiaba el Royal  Liver Building (foto), una especie de cormorán  que fue bautizado de esa manera en el año 1350, esto no sucedió. Las bombas estallaron a centímetros de la construcción que fue una de las pocas que sobrevivieron al odio del Tercer Reich.

Sabido es que los acontecimientos norteamericanos narrados anteriormente repercutieron fuertemente en el destino de niño que nació ese día de octubre. Primero como una sensación juvenil y más tarde como una vía de escape en formato de rebeldía teddy boy.  

Para un joven liverpuliense de la década del cincuenta no era muy sencillo acceder a las maravillas del rock and roll que tenían en la tierra madre; o algún marinero pionero en la reventa o Radio Luxemburgo, una emisora local que todas las noches se transformaba a una repetidora de las principales cadenas de éxitos yankys.

Lo que no ayudaba a calmar las ansias de los jóvenes del puerto era el hecho que artistas como Elvis Presley, Buddy Holly, Jerry Lee Lewis o Chuck Berry ya iban provocando la aparición de versiones locales como Lonnie Donegan quien se había hecho muy popular con su versión de “Rock Island Line” del blusero Ledbelly, Este intérprete democratizó al rock creando el Skiffle, un subgénero que permitía con tan solo una tabla de lavar y un banjo recrear los éxitos de momento. De buenas a primeras en Liverpool se habían generado decenas de grupos que lo ejecutaban.

El nombre de The Quarrymen provenía de The Quarrybank, el colegio al que concurrían John Lennon, Pete Shotton y Colin Hanton. El 6 de julio de 1957 la banda se presentó en una feria de la iglesia de St Peter en Woolton, un suburbio del sur de la ciudad.

El día del encuentro

En el medio de perros haciendo destrezas y demás actividades. Lennon y compañía hacían sus versiones de “That´ll be the day” de Buddy Holly o “Come go with me” de los Del-Vikings, esta última sujeta a los cambios líricos a cargo de Lennon quien nunca recordó la letra completa por lo que inventaba versos. Durante un descanso Ivan Vaughan, un vecino y amigo de John, presentó a McCartney quien no solo se sabía las canciones de memoria, también sabia afinar la guitarra. Para probarlo el buen Paul shockeó a los demás con su versión de “Twenty Flight Rock” de Eddie Cochrane.

Lennon afirmaría años más tarde que  ese día se encontró en una de las disyuntivas más importantes de su vida: ¿dejar entrar a su grupo al habilidoso pibito y enriquecer a The Quarrymen o mantener intacto su liderazgo?. Eligió bien. Ya eran Lennon/McCartney.

Sin embargo todos estos sucesos no serían suficientes para explicar porque The Beatles fueron lo que fueron.

Ya en esos primeros años como dupla compositiva John y Paul no solo escribieron cientos de canciones, muchas de las cuales se perdieron en alguna limpieza hogareña, también eran capaces de cruzar toda la ciudad en ómnibus para aprenderse un acorde de guitarra que no sabían y, de paso, robarse algún que otro disco. Además incluían en su repertorio canciones de artistas como The Coasters o Arthur Alexander que ni siquiera eran famosos en Estados Unidos. Ese trabajo cuasi antropológico sería completado a nivel sonoro con los maratónicos shows en Hamburgo. De Alemania se volvieron profesionales.

Los fundamentales días de Hamburgo

La energía punk propia de las presentaciones en la Reperbahn del distrito de St Pauli hasta los no muy técnicos pero creativos solos de guitarra de Lennon son algunas de las razones por que el grupo suena moderno hoy en día.  Sobre todo cuando la ciudadanía terrestre se debate entre escuchar rock o géneros como el trap que está basado en ritmos que se inventaron ya hace más de treinta años.

Aunque hace cuarenta años que no comparte el plano terrenal con nosotros, hablar de John Lennon es hablar de una presencia constante y firme que merece ser constantemente analizada.

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