Editorial Sinso

Foto con Rodolfo

Por Gabriel García/Ph: Sandra Calandrino

Nunca lo entrevisté a Rodolfo, no tengo una foto con Rodolfo. Alguna vez intercambiamos mensajes por WhatsApp y hasta me compartió memes de los Bee-Gees y de los Simpsons. Pero eso no me hace amigo de Rodolfo. Les diré, con crudeza bien intencionada, que una imagen compartida no te hace amigo de nadie. Las fotos son una consecuencia no una causa.

El jueves de la semana pasada durante mi repaso matutino de redes, me encontré con un músico grande (pero de tercerísima línea) posteando en su cara libro algo así como “Que mal lo de Rodolfo García”, seguido de una foto en la que estaba con el ahora eterno baterista. Posteaba pero decía nada, por las dudas.

Inmediatamente consulté con una amiga en común que tengo con Rodolfo quien, en un ataque de llanto, me contó que García estaba con muerte cerebral luego de sufrir un accidente cerebro vascular. Sintetizando, el sujeto este subió la foto antes de que muchos amigos y familiares se enteraran de la triste noticia. Y todavía no había empezado la maratón de gente que ya hablaba de Rodolfo en pasado.

Podríamos estar hablando de una carrera maravillosa donde resaltarían nombres como Almendra, Aquelarre, Tantor, Posporteño (les recomiendo que no se pierdan a estos últimos) o  ese Dream Team llamado Jaguar. Podríamos estar hablando de un tipo con una humanidad altísima, alguien que no paraba de generar proyectos e invitar a formar parte, del mejor amigo de Luis Alberto Spinetta.

Pero tenemos que hablar, desde la distancia natural, que en la madrugada del lunes Rodolfo falleció y se fue repleto del cariño de los que realmente lo querían y mucho. Los que lo querían. No los amateurs que disfrazan de empatía al hambre por la primicia.   

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